Trastorno Específico del Aprendizaje

CAT en barrio de la concepción

Los trastornos específicos del aprendizaje (TEA) —clasificados dentro de los trastornos del neurodesarrollo en manuales diagnósticos como el DSM-5— son una de las dificultades más frecuentes en la etapa escolar, con una prevalencia cercana al 10% de la población. Suelen hacerse visibles durante los primeros años de educación formal, cuando las demandas escolares permiten observar con mayor claridad los procesos implicados en el aprendizaje.

Estas dificultades aparecen cuando ciertos procesos cognitivos no se desarrollan de forma esperada, generando interferencias en el funcionamiento personal, académico, social y, en etapas posteriores, incluso en el ámbito ocupacional.

Es importante comprender que los TEA no suelen presentarse de manera aislada. Con frecuencia coexisten con otros trastornos del neurodesarrollo, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Además, existe un claro componente genético que incrementa la predisposición a desarrollarlos, combinándose con factores ambientales que pueden influir en su manifestación.

Otro punto fundamental es que los TEA no se explican por discapacidad intelectual, dificultades sensoriales, problemas emocionales ni falta de motivación. Su origen se relaciona con particularidades en el funcionamiento del Sistema Nervioso Central que afectan procesos específicos del aprendizaje.

¿Qué entendemos por TEA?

Hablamos de un trastorno específico del aprendizaje cuando las dificultades afectan a procesos clave para percibir, procesar y utilizar información de manera eficiente, dificultando la adquisición de habilidades en áreas académicas fundamentales, como:

  • Lectura (reconocida como dislexia)
  • Escritura (reconocida como disgrafía)
  • Matemáticas (reconocida como discalculia)

Los niños con TEA suelen mostrar un rendimiento inferior al esperado para su edad en estas áreas o necesitan un esfuerzo muy superior para alcanzar resultados similares a sus compañeros.

Es relevante destacar que este trastorno no se limita a niños con diagnóstico de TDAH. También pueden presentarse en niños identificados con altas capacidades intelectuales, quienes pueden experimentar dificultades cuando las exigencias del aprendizaje o los procesos de evaluación imponen barreras que no pueden superarse únicamente con la inteligencia innata ni con estrategias compensatorias.

Lo cierto es que se trata de un trastorno que puede generar limitaciones significativas en las actividades de la vida diaria, especialmente en aquellas que dependen de un buen dominio de habilidades académicas y funcionales. Estas dificultades pueden mantenerse a lo largo del desarrollo y, en la edad adulta, impactar incluso en el desempeño laboral.

¿Cómo se manifiestan los TEA?

Como hemos mencionado anteriormente los trastornos específicos del aprendizaje más comunes son: la dislexia, la disgrafía y la discalculia.

Estas dificultades se pueden manifestar de manera aislada o conjunta, y en este último caso, la gravedad es variable.

  • DISLEXIA: Representa el 80% de todos los trastornos específicos del aprendizaje. En la dislexia, se observa en el niño una baja precisión y fluidez en el reconocimiento de palabras, pobre decodificación que afecta a la velocidad de lectura y a la comprensión lectora que no puede explicarse por déficits sensoriales, dificultades cognitivas, falta de motivación o falta de instrucción en lectura.
  • DISCALCULIA: Se observan dificultades con los números, en la eficiencia para fijar y recuperar elementos matemáticos impactando en el cálculo, así como en dificultades en el lenguaje que afectan a la resolución de problemas matemáticos (por ejemplo, comprensión o denominación de términos matemáticos, operaciones o conceptos y descodificación de problemas escritos en símbolos matemáticos).
  • DISGRAFÍA: Las dificultades se expresan a través de errores ortográficos, gramaticales y en la expresión escrita. Suele acompañar a la dislexia.

¿Cómo se identifican los TEA?

Para confirmar el diagnóstico es necesario realizar una evaluación estandarizada, comparando el rendimiento del niño con lo esperado para su edad. El diagnóstico se establece cuando el desempeño es significativamente inferior y las dificultades persisten a pesar de intervenciones educativas adecuadas.

No se incluye dentro de este diagnóstico aquellos casos en los que las dificultades se explican por:

  • discapacidad intelectual
  • déficits sensoriales no corregidos
  • falta de acceso a oportunidades educativas
  • escasa instrucción

Para hablar de TEA, las dificultades deben derivar de particularidades neurocognitivas propias del aprendizaje.

¿Cómo acompañar a un niño con TEA?

El abordaje con niños que presentan trastornos específicos del aprendizaje debe basarse en un enfoque de estimulación y entrenamiento de las habilidades precursoras implicadas en las áreas afectadas. La intervención ha de ser directa, explícita y sostenida en el tiempo, incorporándose no solo al contexto escolar, sino también al hogar y a las actividades cotidianas del niño.

Es fundamental que el niño se convierta en el centro del proceso de intervención. Esto significa reconocer su derecho a recibir información clara, accesible y adecuada a su nivel de comprensión sobre su propia condición. Asimismo, es importante involucrarlo activamente en la toma de decisiones relacionadas con su proceso de apoyo, promoviendo su participación, autonomía y sentido de competencia.

Si tienes dudas sobre el desarrollo de tu hijo o necesitas orientación profesional, en ConSentidos Delphos contamos con un equipo especializado en atención temprana y neurodesarrollo preparado para acompañarte. Estaremos encantados de asesorarte y brindarte las herramientas necesarias para apoyar el proceso de aprendizaje y bienestar de tu hijo.

Bibliografía:

  • Escobar, J. P., & Tenorio, M. (2022). Trastornos específicos del aprendizaje: origen, identificación y acompañamiento. Revista Médica Clínica Las Condes, 33(5), 473-479.
  • Carbó, A. G. (2022). Trastorno específico del aprendizaje. Pediatría Integral, 7, 21.
  • Álvarez, N. D. (2016). La discalculia, como uno de los trastornos específico del aprendizaje. Revista Conrado, 12(52).