Responder a la pregunta “¿Cuándo aparecen las primeras emociones?” no es sencillo, ya que requiere observaciones prolongadas en el tiempo. Sin embargo, se sabe que desde los primeros meses de vida los niños expresan emociones positivas y negativas, y que hacia los 3-4 meses ya reconocen las emociones en los demás.

A medida que crecen, la expresión emocional se vuelve más específica y consciente. Hacia los 2 años se establecen las bases del desarrollo emocional, que seguirá evolucionando con la experiencia.
Características de las emociones en los niños
- Son breves, intensas y terminan, casi siempre, de forma brusca. Se van diferenciado progresivamente conforme el niño crece ya que las conductas que acompañan a las diferentes emociones se van individualizando.
- Se expresan con frecuencia y de forma espontánea. Casi siempre son transitorias porque tan pronto se ríen como pasan al llanto, o viceversa, y esto ocurre porque desahogan las emociones acumuladas. Cuando existe una restricción social a la respuesta natural del niño, le lleva a un estado de ánimo que se expresa en respuesta prolongada y que resulta incómodo para los adultos que le rodean.
- Se identifican a través de la conducta (no pueden ocultarlas). Es fácil detectar si lo están pasando mal porque presentan diversas formas de manifestarlo: inquietud, tensión, movimientos constantes, sueños (pesadillas) nocturnos, manierismos nerviosos (por ejemplo, morderse las uñas), falta de apetito, dificultad en el lenguaje, conductas de regresión, llantos frecuentes, conductas obstinadas, posibles tics nerviosos o, incluso, la crisis histérica.
- La falta de madurez cerebral explica sus reacciones intensas. Es fácil que pasen de la rabia a la risa, o del enfado al afecto, debido a su falta de madurez cerebral y a que sus experiencias son todavía limitadas: carecen de la comprensión total de la situación que está viviendo, por lo que expresan sus emociones sin control. Sin embargo, como su capacidad de atención es muy breve, se les puede distraer fácilmente y pasar de una situación a otra en un plazo breve o muy breve.
- Las emociones en la infancia que son muy fuertes y exageradas pierden fuerza a medida que el niño va creciendo. Algunas cuya expresión no era tan fuerte, como la timidez con el adulto, también se atenúan y la relación pasa a ser normal.
Tipos de emociones
Según Vivas et al. (2007), Alzina et al. (2015) y Bisquerra y López-Cassà (2020):
- Primarias (innatas y universales): alegría, tristeza, ira, miedo, sorpresa y asco. Se reconocen por una expresión facial característica.
- Se descubrió que las expresiones faciales que los sujetos realizamos al plasmar estas emociones son reconocidas por personas de otras culturas, lo que las hace ser universales.
- No son aprendidas, son consideradas naturales del ser humano. Las expresiones faciales son traspasadas genéticamente.

- Secundarias (más complejas): derivan de las anteriores y dependen de la experiencia de cada individuo.
- Son diferentes entre los individuos.
- Dentro de la emoción primaria (miedo, por ejemplo) se encuentran las secundarias o complejas (temor, terror, horror, pánico, etc.).
- Neutras o ambiguas: como la sorpresa, que puede vivirse como positiva o negativa.
Todas las emociones son válidas. Las emociones negativas no son malas: simplemente son más intensas y duraderas.

¿Para qué sirven las emociones?
Bisquerra (2012) señala que las emociones:
- Nos protegen y nos orientan hacia lo beneficioso.
- Nos ayudan a comunicarnos y tomar decisiones.
- Despiertan curiosidad y permiten aprender del entorno.
- Se vinculan a nuestra memoria y experiencias significativas.
La neurociencia demuestra que las experiencias emocionales en la infancia moldean circuitos cerebrales clave responsables de la empatía, la autorregulación y la toma de decisiones. Por ello, promover entornos que validen, nombren y gestionen adecuadamente las emociones no es solo una cuestión educativa, sino una necesidad biológica.

Invertir en el desarrollo emocional temprano es, en definitiva, construir cerebros más equilibrados, mentes más sanas y sociedades más humanas. Comprender y acompañar el desarrollo emocional en la infancia no es solo una responsabilidad educativa, sino una inversión fundamental en el bienestar individual y colectivo.
Fomentar la alfabetización emocional desde edades tempranas constituye un pilar esencial para formar personas más resilientes, empáticas y socialmente integradas.
El futuro de una sociedad más justa y saludable comienza en la forma en que enseñamos a nuestros niños a entender lo que sienten.
Tienes más información sobre el tema de las emociones en la anterior entrada de este blog: «Equilibrio emocional en la infancia: Acompañar sin sobreproteger para crecer con seguridad».

