Un niño con un vocabulario sorprendente para su edad, una memoria extraordinaria, un enorme interés por determinados temas y una capacidad para adquirir algunos conocimientos muy por encima de lo esperado puede hacernos pensar rápidamente en altas capacidades.
Pero ¿qué ocurre cuando, al mismo tiempo, ese niño presenta dificultades para relacionarse con otros niños, muestra una gran rigidez ante determinados cambios, interpreta algunas situaciones de manera muy literal o tiene intereses especialmente intensos?
Podemos encontrarnos ante un perfil de altas capacidades, ante un Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) o ante la coexistencia de ambas condiciones. Cuando se presentan conjuntamente el TEA y las altas capacidades hablamos de doble excepcionalidad: un perfil en el que conviven capacidades especialmente desarrolladas con determinadas necesidades de apoyo.
Esta realidad nos recuerda algo fundamental cuando hablamos de neurodiversidad: el desarrollo de una persona no puede entenderse únicamente desde sus dificultades ni exclusivamente desde sus capacidades. En un mismo niño pueden convivir grandes fortalezas y necesidades específicas de apoyo.
Y, precisamente por eso, es importante no quedarnos únicamente con aquello que el niño hace excepcionalmente bien, sino comprender su desarrollo de una manera global.

Cuando algunos rasgos pueden parecerse
Existen determinadas características que pueden aparecer tanto en niños con altas capacidades como en niños con TEA. Entre ellas podemos encontrar un desarrollo precoz del lenguaje, una memoria especialmente buena, intereses muy específicos, habilidades concretas muy desarrolladas o una gran capacidad para profundizar en determinados temas (tendencia a la hiperfocalización).
También pueden existir semejanzas en el ámbito social.
Un niño con altas capacidades puede sentirse poco interesado por determinados juegos propios de su edad o buscar conversaciones y actividades intelectualmente más complejas. Esto puede hacer que, en determinados momentos, encuentre dificultades para conectar con sus iguales.
En un niño con autismo también podemos encontrar dificultades en las relaciones sociales, pero los procesos que las explican pueden ser diferentes. Por eso es necesario profundizar y no fijarnos solamente en qué hace el niño, sino también en cómo lo hace, en qué contexto y con qué finalidad.
El lenguaje: hablar mucho no siempre significa comunicarse de la misma manera
Un vocabulario muy desarrollado, por ejemplo, no nos proporciona por sí solo suficiente información. Es necesario observar cómo utiliza ese lenguaje para comunicarse y relacionarse con los demás.
Podemos preguntarnos:
- ¿Mantiene una conversación recíproca?
- ¿Percibe cuándo la otra persona quiere intervenir?
- ¿Adapta lo que cuenta a los intereses y conocimientos de su interlocutor?
- ¿Comprende expresiones figuradas, bromas o dobles sentidos?
- ¿Utiliza el lenguaje para compartir experiencias, pensamientos e intereses con otras personas?
- ¿Puede adaptar su forma de comunicarse a diferentes situaciones y personas?
En algunos niños con TEA puede existir un vocabulario muy rico y, al mismo tiempo, determinadas particularidades en la entonación, el volumen, las expresiones utilizadas o la reciprocidad de la conversación.
Por eso, hablar mucho, hablar pronto o utilizar palabras muy complejas no significa necesariamente disponer de las mismas competencias comunicativas y sociales.
La forma en que se utiliza el lenguaje y su función dentro de las relaciones nos aporta mucha más información que el número de palabras que un niño conoce.
Los intereses intensos: otra posible fuente de confusión
Otro de los aspectos que puede generar confusión son los intereses intensos, ya que también pueden manifestarse de formas que parecen similares.
Hay niños con altas capacidades capaces de profundizar extraordinariamente en aquello que despierta su curiosidad. Pueden pasar mucho tiempo investigando, preguntando y adquiriendo conocimientos sobre dinosaurios, astronomía, números, mapas, historia o cualquier otro ámbito.
También algunos niños con TEA pueden desarrollar intereses muy intensos y llegar a adquirir una cantidad extraordinaria de información sobre ellos.
Por eso, la diferencia no está necesariamente en qué interesa al niño ni en cuánto sabe, sino en comprender qué papel desempeña ese interés en su vida, cómo puede gestionarlo, qué grado de flexibilidad existe y hasta qué punto influye en su participación en otras actividades y en sus relaciones.
Una misma conducta puede tener significados diferentes dependiendo del contexto y del perfil global del niño.

Cuando las altas capacidades y el autismo coexisten
¿Pueden coexistir ambas condiciones? Sí. Un niño puede presentar altas capacidades y, al mismo tiempo, un Trastorno del Espectro del Autismo. Reconocer esta posibilidad es especialmente importante porque determinadas capacidades pueden hacer que algunas dificultades pasen desapercibidas durante mucho tiempo.
Un niño con una capacidad cognitiva elevada puede aprender determinadas reglas sociales mediante la observación, desarrollar estrategias para desenvolverse en situaciones que le resultan difíciles o utilizar sus recursos verbales y cognitivos para compensar algunas dificultades.
Desde fuera puede parecer que todo funciona correctamente. Sin embargo, tener grandes capacidades no significa no necesitar ayuda.
Del mismo modo, un diagnóstico de autismo tampoco debería llevarnos a centrar nuestra mirada exclusivamente en las dificultades y dejar en segundo plano unas capacidades que también necesitan ser reconocidas y estimuladas, porque una fortaleza puede hacer menos visible una necesidad.

Un desarrollo que no avanza al mismo ritmo en todas las áreas
Podemos tener delante a un niño capaz de manejar conocimientos propios de edades muy superiores y que, sin embargo, necesite ayuda para incorporarse al juego de otros niños, gestionar una situación imprevista, comprender determinadas claves sociales o desenvolverse con autonomía en algunas situaciones cotidianas.
Esto nos recuerda que el desarrollo no siempre avanza al mismo ritmo en todas las áreas.
Comprender estas diferencias nos permite ajustar mejor lo que esperamos del niño. Que sea extraordinariamente competente en determinados ámbitos no significa que podamos exigirle el mismo nivel de competencia en todos los demás.
Las capacidades cognitivas, el lenguaje, las habilidades sociales, la autonomía, la regulación emocional, la flexibilidad o el procesamiento sensorial pueden presentar ritmos de desarrollo diferentes.
Por eso, cuando observamos una habilidad especialmente avanzada, también es importante preguntarnos qué ocurre en aquellas áreas que no resultan tan visibles.
¿Cómo podemos valorar estas situaciones?
Cuando existen dudas, no se trata de decidir rápidamente si determinadas conductas “son de autismo” o “son de altas capacidades”.
Es necesario conocer al niño y realizar una valoración individualizada y global, que permita comprender tanto sus fortalezas como sus necesidades.
Para ello puede ser importante:
- Realizar una entrevista con las personas que mejor conocen al niño, especialmente su familia y los profesionales que intervienen habitualmente en sus diferentes contextos.
- Conocer su nivel de desarrollo y sus capacidades.
- Observar su comunicación y su manera de relacionarse.
- Valorar el juego, los intereses y la flexibilidad.
- Explorar, cuando sea necesario, aspectos relacionados con el procesamiento sensorial.
- Conocer su nivel de autonomía.
- Observar cómo se desenvuelve en diferentes entornos y situaciones.
- Identificar tanto las dificultades como los recursos y fortalezas que utiliza para desenvolverse.
La valoración debe permitirnos construir una imagen completa del niño, comprender su perfil y responder a lo que realmente necesita, y no limitarse a colocar una etiqueta.

Una misma mirada: fortalezas y necesidades
Finalizamos esta entrada con una idea fundamental: una gran capacidad y una necesidad de apoyo pueden existir al mismo tiempo.
Cuando un niño presenta un desarrollo especialmente avanzado en determinadas áreas, nuestra mirada no debe quedarse únicamente en aquello que sabe hacer de manera extraordinaria.
De la misma forma, cuando existen dificultades, tampoco debemos permitir que estas oculten sus capacidades.
Identificar correctamente sus fortalezas y sus necesidades nos permitirá plantear objetivos ajustados, ofrecer los apoyos que realmente necesita y favorecer que pueda desarrollar todo su potencial.
En el Centro de Atención Temprana ConSentidos Delphos no intervenimos sobre una etiqueta diagnóstica. intervenimos teniendo en cuenta al niño, su familia, sus capacidades, sus necesidades y los diferentes entornos en los que transcurre su vida.
ConSentidos Delphos
Centro de Atención Temprana

