Autismo y TDAH: cuando las dificultades de atención van más allá del TEA

CAT EN BARRIO DE LA CONCEPCIÓN

Cuando un niño tiene un diagnóstico de Trastorno del Espectro del Autismo (TEA), existe el riesgo de interpretar cualquier dificultad que aparezca en su desarrollo o comportamiento como una consecuencia directa del autismo.

  • Le cuesta permanecer sentado: “es por el TEA”.
  • Cambia constantemente de actividad: “es por el TEA”.
  • Parece no escuchar: “es por el TEA”.
  • Actúa impulsivamente: “es por el TEA”.

Pero no todo lo que le ocurre a un niño con autismo tiene necesariamente su explicación en el autismo.

En algunos niños pueden aparecer, además, dificultades importantes relacionadas con la atención, la impulsividad o el nivel de actividad. Cuando estas características son persistentes, aparecen en diferentes contextos y tienen una repercusión significativa en su vida cotidiana, puede ser necesario valorar la posible coexistencia con un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Actualmente sabemos que un niño puede presentar simultáneamente TEA y TDAH.

Dos niños con TEA pueden presentar comportamientos aparentemente parecidos y, sin embargo, las circunstancias que están influyendo en ellos pueden ser muy diferentes.

La atención es mucho más que permanecer sentado.

Cuando hablamos de dificultades de atención es fácil imaginar al niño que no permanece sentado durante una actividad, pero la atención es mucho más compleja.

Un niño puede tener dificultades para mantenerla durante un tiempo determinado, pasar rápidamente de un estímulo a otro, distraerse con cualquier elemento del entorno, necesitar constantes recordatorios para terminar una actividad o parecer que no escucha cuando nos dirigimos a él.

También puede ocurrir algo aparentemente contradictorio: ser capaz de permanecer enormemente concentrado cuando realiza una actividad que despierta su interés y, sin embargo, encontrar grandes dificultades para mantener la atención ante otras propuestas.

Por eso, no podemos valorar las dificultades atencionales observando únicamente cuánto tiempo permanece sentado. Tenemos que ir más allá y preguntarnos qué está haciendo, qué nivel de interés tiene para él, qué estímulos existen alrededor, qué se le está pidiendo y qué esfuerzo necesita realizar para mantener la atención.

¿Qué ocurre con la hiperactividad y la impulsividad?

La hiperactividad tampoco consiste simplemente en que un niño “se mueva mucho”. Durante los primeros años de vida, moverse, explorar, correr, tocar y cambiar de actividad forma parte del propio desarrollo, la cuestión aparece cuando ese nivel de actividad o la dificultad para controlar determinadas respuestas interfieren de manera significativa en su participación en las actividades cotidianas.

Por ejemplo:

  • Dificultades importantes para esperar.
  • Interrumpir constantemente una actividad.
  • Actuar antes de recibir una indicación completa
  • Cambiar continuamente de juego.
  • Tener problemas para frenar una respuesta, aunque conozca lo que se espera de él.

Cuando nos encontramos con estos casos debemos evitar los dos extremos: considerar patológico cualquier comportamiento activo propio de la infancia o, por el contrario, atribuir automáticamente todas estas manifestaciones al TEA.

A veces los comportamientos se parecen, pero las circunstancias que los desencadenan o mantienen pueden ser diferentes. Y este es uno de los puntos más interesantes cuando hablamos de TEA y TDAH.

Una misma conducta puede tener explicaciones diferentes

Imaginemos a un niño que se levanta continuamente durante una actividad. ¿Por qué lo hace?

  • Puede tener dificultades para mantener la atención.
  • Puede necesitar movimiento para regularse.
  • La actividad puede resultar demasiado larga o compleja.
  • Puede existir una sobrecarga sensorial.
  • Puede no haber comprendido qué esperamos de él.
  • Puede haber perdido el interés.
  • Pueden estar interviniendo varias de estas circunstancias al mismo tiempo.

Una misma conducta observable puede estar relacionada con diferentes factores.

Por eso, en Atención Temprana no nos quedamos únicamente con la conducta que vemos. Necesitamos intentar comprender qué está ocurriendo antes, durante y después de esa conducta, y el entorno también nos proporciona mucha información.

¿En qué situaciones aparecen las dificultades?

Para comprender estas dificultades es especialmente importante conocer qué ocurre en los diferentes espacios en los que participa el niño.

  • ¿Sucede únicamente durante una sesión terapéutica?
  • ¿También ocurre en casa?
  • ¿Lo observan en la escuela infantil o en el colegio?
  • ¿Aparece especialmente en situaciones con mucho ruido?
  • ¿Mejora cuando anticipamos la actividad?
  • ¿Es capaz de concentrarse cuando juega solo?
  • ¿Qué ocurre cuando tiene que participar en una actividad grupal?

La información aportada por la familia y por los profesionales que conocen al niño en sus contextos habituales resulta fundamental, porque el comportamiento de un niño no puede entenderse separado del entorno en el que se produce.

¿Por qué es importante identificar ambas condiciones?

Porque comprender correctamente las necesidades del niño nos permite intervenir mejor.

Cuando TEA y TDAH coexisten, pueden aparecer dificultades adicionales en diferentes áreas del funcionamiento cotidiano. Por eso es importante reconocer y abordar las necesidades relacionadas con ambas condiciones cuando están presentes.

Si determinadas dificultades atencionales, de impulsividad o de regulación de la actividad tienen una repercusión importante, identificarlas nos permitirá ajustar los objetivos, las estrategias y también las expectativas que tenemos sobre el niño.

No se trata de acumular diagnósticos. Se trata de comprender mejor su perfil de funcionamiento para responder de manera más adecuada a sus necesidades.

En Atención Temprana observamos al niño en su conjunto.

Desde el CAT podemos trabajar aspectos relacionados con la comunicación, la regulación, la atención, la autonomía, el juego, las habilidades sociales o la participación en las rutinas cotidianas, pero también debemos observar cómo se relacionan unas áreas con otras.

  • Una dificultad atencional puede repercutir en el lenguaje, en el aprendizaje, en el juego o en las relaciones sociales.
  • Una dificultad de regulación puede afectar a la participación.
  • Una determinada característica sensorial puede modificar enormemente la capacidad del niño para mantenerse en una actividad.

Cuando se dan estos casos, es especialmente importante una valoración interdisciplinar, la coordinación entre profesionales y el intercambio continuo de información con la familia y el entorno educativo, porque no todo es TEA.

No todo lo que le cuesta a un niño con TEA se explica por su autismo

Finalizamos esta entrada con una idea que consideramos especialmente importante:

No todo aquello que le cuesta a un niño con TEA tiene necesariamente que explicarse por su autismo.

Cuando aparecen dificultades persistentes de atención, impulsividad o regulación de la actividad que afectan significativamente a su vida cotidiana, es importante observarlas, comprenderlas y, cuando sea necesario, valorarlas específicamente.

Identificar adecuadamente las necesidades de cada niño significa disponer de más información para intervenir mejor. Y cuanto mejor comprendamos qué necesita, más ajustados podrán ser los apoyos que le proporcionemos para favorecer su desarrollo, su autonomía y su participación en los diferentes entornos de su vida.

ConSentidos Delphos
Centro de Atención Temprana