La Terapia Ocupacional en la Integración Sensorial y la Regulación (1)

CAT en ciudad lineal madrid

Comprendiendo el procesamiento del entorno

La Terapia Ocupacional desempeña un papel fundamental en la comprensión y el abordaje de las dificultades relacionadas con la integración sensorial y la regulación infantil. A través del enfoque de la integración sensorial, es posible interpretar cómo el sistema nervioso procesa la información procedente del entorno y comprender que determinadas respuestas de los niños no son berrinches ni conductas caprichosas, sino manifestaciones de la forma en que perciben y organizan los estímulos. Este artículo pretende acercar al lector a este enfoque, aclarar conceptos y desmontar algunas ideas erróneas que todavía generan confusión.

Existen situaciones cotidianas que suelen resultar familiares tanto en el ámbito familiar como en el escolar: el rechazo intenso de un niño ante el roce de unos calcetines o la acción de taparse los oídos con fuerza ante un ruido inesperado en el parque. Aunque estas reacciones pueden llamar la atención o generar preocupación, adquieren un significado diferente cuando se analizan desde la perspectiva de la integración sensorial.

En este contexto, en el Centro de Atención Temprana «Consentidos Delphos» la Terapia Ocupacional se presenta como una disciplina esencial para favorecer el desarrollo infantil. Desde este espacio se trabaja para ofrecer una intervención temprana basada en la evidencia, acompañar a las familias y visibilizar la labor clínica que sustenta esta profesión, contribuyendo al bienestar y la participación de los niños en sus actividades cotidianas.

La integración sensorial: mucho más que una “moda”

La Integración Sensorial no es un concepto reciente. Fue desarrollada por la Dra. A. Jean Ayres (1920–1988), terapeuta ocupacional y neurocientífica, quien estudió cómo el cerebro organiza la información sensorial para permitir la interacción con el entorno.

Ayres defendía que el juego es la principal actividad de la infancia y el medio natural a través del cual el cerebro aprende a organizar los estímulos ambientales.

Los sistemas sensoriales: más allá de los cinco sentidos

Tradicionalmente se habla de vista, oído, gusto, olfato y tacto. Sin embargo, existen otros dos sistemas sensoriales que resultan fundamentales para el movimiento y la organización corporal:

  • Sistema vestibular: Informa sobre el equilibrio, el movimiento y la posición de la cabeza en el espacio. Se activa mediante actividades como el balanceo o los giros.
  • Sistema propioceptivo: Aporta información sobre la posición y la fuerza del cuerpo a través de los receptores en músculos y articulaciones. Es clave para destrezas como escribir, saltar o regular la fuerza al asimilar objetos (como ocurre con los niños que calculan mal la presión y rompen la punta del lápiz o chocan sin querer).

Ambos sistemas son esenciales para el desarrollo motor, la atención y la autorregulación.

“No es solo jugar”: el sentido de la Terapia Ocupacional

A menudo se piensa que la intervención en integración sensorial consiste únicamente en el juego libre dentro de una sala con columpios. Aunque el juego es la base del aprendizaje, cada actividad propuesta tiene un objetivo terapéutico concreto.

Por ejemplo, cuando se solicita a un niño que atrape una pelota mientras se columpia, se estimula la integración de la información vestibular, visual y motora de forma simultánea. El objetivo es ayudar al cerebro a organizar mejor estos estímulos para favorecer la participación en la vida diaria.

Para comprenderlo mejor, puede compararse el sistema nervioso con una orquesta: el cerebro actúa como el director y los sentidos son los músicos. Si estos se desajustan, el resultado es confuso. La intervención terapéutica ayuda a que ese concierto sea organizado y funcional, logrando que todos los sistemas toquen en sintonía.

¿Cómo saber si un niño necesita apoyo sensorial?

Todas las personas presentan sensibilidades diferentes. El problema aparece cuando estas dificultades interfieren en el desempeño diario: en la alimentación, el juego, el colegio o la participación en actividades sociales.

En la práctica clínica se suelen observar dos perfiles frecuentes:

Hipersensibilidad (responde “demasiado”)

Hiposensibilidad (“busca más” estímulo)

  • Busca movimiento constante (saltar, chocar, girar).
  • Parece no enterarse cuando pronuncian su nombre. No notan que se han manchado la cara.
  • Le cuesta permanecer sentado durante las actividades.

El papel de la Terapia Ocupacional

Desde la Terapia Ocupacional se realiza una valoración individualizada del perfil sensorial del niño para diseñar intervenciones adaptadas a sus necesidades. Esto puede incluir:

  • Programas de “dieta sensorial” (planes de actividades específicas para el día a día).
  • Adaptaciones del entorno.
  • Estrategias para favorecer la autorregulación.

El objetivo no es modificar la esencia del niño, sino ayudarle a procesar mejor la información del entorno para que pueda participar con mayor bienestar en sus actividades diarias.

Estrategias sencillas para el día a día

La rutina diaria en el hogar constituye una gran oportunidad para apoyar la regulación sensorial. No se requiere material complejo; se trata de aprovechar momentos cotidianos como el baño o la alimentación para ofrecer los estímulos adecuados a través de las siguientes pautas:

1. Secado con presión firme (Propiocepción)

Tras el baño, en lugar de frotar la piel de manera suave o rápida, se aconseja realizar presiones firmes con la toalla por bloques corporales (brazos, tronco y piernas). Este estímulo profundo activa los receptores de los músculos y articulaciones, generando un efecto organizador y calmante en el sistema nervioso.

2. Exploración de texturas antes de comer (Desensibilización)

Antes de la comida, es recomendable permitir que el niño explore materiales con texturas similares a los alimentos (arroz, plastilina, espuma) fuera de la mesa. Actividades como buscar juguetes escondidos en un bol de arroz crudo, amasar pan o jugar con espuma de afeitar facilitan la habituación sensorial de forma lúdica, disminuyendo la resistencia posterior en el plato.

3. Estabilidad postural durante las comidas (Control vestibular y motor)

En ocasiones, la conducta de un niño que no logra permanecer quieto en la silla responde a la necesidad de emplear toda su energía en no caerse, debido a que su sistema vestibular o postural no está bien integrado. Asegurar que tenga los pies apoyados en un ángulo de 90 grados y una postura estable reduce el esfuerzo muscular. Cuando el cuerpo se siente seguro en el espacio, el cerebro puede concentrarse en tareas complejas como masticar, usar los cubiertos o tolerar nuevos sabores.

Conclusión

La crianza conlleva una gran complejidad como para añadir la exigencia de descifrar de forma aislada cada respuesta sensorial. Es fundamental comprender que estas reacciones no responden a un problema de conducta, sino a un cerebro infantil que procesa el mundo a su propio ritmo.

Acompañar el desarrollo implica entender que cada individuo percibe los estímulos de forma diferente. Cuando se observan estas conductas desde una perspectiva sensorial, muchas dificultades dejan de ser catalogadas como problemas de comportamiento para ser tratadas como necesidades de regulación.

Ante respuestas del entorno que resulten significativamente intensas o bajas, la consulta con un profesional de la Terapia Ocupacional permite determinar el perfil del menor y ofrecer las herramientas clínicas necesarias para favorecer su seguridad y bienestar.

En definitiva, comprender el procesamiento sensorial en la infancia es el primer paso para transformar lo que parece un desafío de conducta en una oportunidad de regulación y bienestar.