Casi todos tenemos una idea clara de lo que significa la educación inclusiva. Si alguien aún no ha reflexionado sobre sus implicaciones, lo explicaremos rápidamente.
La sociedad defiende que todas las personas, independientemente de sus características físicas, psicológicas o emocionales, tienen derecho a una educación digna, respetuosa y adaptada a sus circunstancias personales. Desde hace muchos años, se lucha para que estas personas se integren en lo que se denomina la escolarización ordinaria. Esta es la que cada año acoge a personas aparentemente normotípicas, aunque, a medida que avanza el ritmo escolar, se detecte que algunos no cumplen esa condición.
La Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) defiende que toda persona tiene derecho a la educación. Por supuesto.
Posteriormente, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006) establece que la educación inclusiva es un derecho humano elemental, no discriminatorio, y que debe ofrecer igualdad de oportunidades.

Teniendo presente que no todos estamos en disposición de hacer lo mismo ni de la misma manera, hay «oportunidades» que se les pueden ofrecer a unos y a otros no, simplemente por las características propias de cada persona. Otra cosa es facilitar aquellas oportunidades que sí se les pueden ofrecer para que se incorporen tanto a los estudios como al mercado laboral.
Ser igualitarios no es suficiente, debemos ser equitativos.
Ofrecer igualdad de oportunidades es un objetivo que compartimos, pero también estamos de acuerdo en que ser igualitarios no es suficiente; debemos ser equitativos. Esto implica permitir y facilitar que cada persona, en función de sus características, dé lo máximo de sí misma.
Desde nuestro punto de vista, no es equitativo que un aula no pueda avanzar más en conocimientos porque una o varias personas en esa aula requieren adaptar el currículo. De alguna manera, directa o indirecta, el resto del grupo se ve afectado, aunque ésta no sea la realidad que se transmite a la sociedad. Los niños con necesidades educativas especiales requieren adaptaciones curriculares que, aunque no se quiera reconocer públicamente, siempre influyen en el funcionamiento de esa aula que se denomina «inclusiva e igualitaria».
No somos todos iguales. Abogamos por la igualdad de acceso a la educación, pero cada uno debe acceder a la que le corresponde. Algunos entienden esto como «exclusión», lo que nos lleva de nuevo al debate: igualdad difiere de equidad. La inclusión en las aulas no debería implicar el retraso académico de aquellas personas que sí pueden rendir mucho más en el ámbito académico.
El concepto de educación inclusiva se entiende como un derecho de todo el alumnado. ¿Derecho para todo el alumnado? Creemos que no. Para nosotros, se ha interpretado como el derecho de unos pocos a incorporarse en aulas que funcionarían a niveles de conocimiento mucho más altos si no tuvieran personas que necesitan adaptaciones. Y reitero, no se trata de excluir, sino de incluir a cada uno en aquellos ámbitos donde no sólo aprenderán más, sino que además serán mucho más felices. Es probable que así haya una probabilidad mucho menor de sufrir acoso, entre otros beneficios.
Diferentes perspectivas sobre la Educación Inclusiva.
Eliminar el adjetivo «inclusiva».
De acuerdo con Simón y Echeita (2016), el objetivo al que aspirar reside en eliminar el adjetivo «inclusiva» cuando hablamos de educación, para que la sociedad comparta que todos y cada uno de los alumnos, tengan o no necesidades específicas de apoyo, opten a una misma educación de calidad. Y sí, estamos de acuerdo con el objetivo que proponen Simón y Echeita (2016), y lucharemos por hacer desaparecer el concepto de «inclusiva» para ofrecer esa necesaria educación de calidad a toda la población infantil y juvenil, pero adaptada a sus características personales.
Dentro del marco de la educación inclusiva, se entiende la educación de calidad como un derecho que constituye un proceso de búsqueda de la presencia, participación y aprendizaje de todos los alumnos. La escuela inclusiva sería aquella capaz de transformarse para superar las barreras que impiden esta educación a los estudiantes en riesgo de exclusión, llegando a todos.

Reflexionando sobre el párrafo anterior, ¿es adecuado decir que la educación no llega a todos en pleno siglo XXI? Pienso que no es cierto utilizar esa expresión, porque continuamente se trabaja para saltar esas «barreras» que se nos presentan.
Objetivamente, la educación no llega a todos cuando, simplemente, quienes están en las altas esferas no son capaces de invertir los medios económicos suficientes para que el sistema funcione. Y, por otro lado, existen personas que no quieren que sus hijos se incorporen al sistema educativo reglado porque, según su forma de pensar, esto no entra dentro de sus criterios educativos.
Garantizar la inclusión de todo el alumnado en las mismas condiciones de igualdad
Para Barrenetxea-Mínguez y Martínez-Izaguirre (2019) y Puente y García (2019), La educación inclusiva se define por un conjunto de características que vamos a sintetizar brevemente en diferentes afirmaciones. A continuación expondremos nuestra reflexión sobre las mismas, ya que no todos tenemos por qué estar de acuerdo con las ideas expuestas.
- Su objetivo principal debe residir en garantizar la inclusión de todo el alumnado en las mismas condiciones de igualdad, y a su vez, debe ser reconocido por lo que puede aportar a la comunidad educativa.
Efectivamente, las mismas condiciones de igualdad implican las mismas condiciones de equidad, y esto es incluir a cada uno en el contexto educativo en el que le corresponde estar por sus propias características personales.
- Se debe apostar por la eliminación de las barreras que impiden el desarrollo total del potencial del alumnado, y, por ende, ofrecer medios para su eliminación.
¿De qué barreras se habla? Las barreras no inclusivas a las que se hace referencia en el ámbito educativo son todos aquellos obstáculos que impiden que el alumnado desarrolle su máximo potencial y participe plenamente en el proceso de enseñanza-aprendizaje, así como en la vida escolar. Estas barreras afectan a estudiantes con necesidades educativas especiales y a cualquier alumno que se encuentre en una situación de desventaja.
Profundicemos un poco más en este punto: «barreras que impiden el desarrollo total del potencial del alumnado». ¿No son barreras, que se eliminan y se reconocen como no inclusivas, las que ralentizan el avance académico en aulas que incorporan personas que necesitan «aparentemente más que otros», apoyos diferentes o adaptaciones curriculares? ¿No están limitando estas «barreras eliminadas» el desarrollo total del potencial del alumnado normotípico o incluso de esos alumnos de altas capacidades que necesitan otro tipo de inclusión?
- Su cometido debe residir en ofrecer oportunidades educativas a los alumnos y ayudarles a adquirir sus máximos aprendizajes.
De acuerdo cien por cien, pero teniendo en cuenta que tiene que ser el máximo aprendizaje que puedan conseguir conforme a sus características personales y en un ambiente donde las oportunidades se rijan para un grupo de población de características personales. Esto es lo que se denomina alcanzar la «excelencia educativa»: adaptarnos al ritmo y capacidad de cada grupo de alumnos para que consigan lo máximo que pueden conseguir como personas.

- Debe impulsar sus objetivos para conseguir una educación equitativa y de calidad, donde todos los alumnos se sientan incluidos, puedan desarrollarse en plenitud y lograr el bienestar.
El bienestar se logra con aulas de rendimiento académico similar. Esto es, no tenemos por qué llevar todos el mismo nivel ni ritmo, por lo que la inclusión reside en crear aulas de diferente nivel. Así, quienes se encuentren en su nivel tendrán un mayor grado de felicidad porque se sentirán a gusto, sin aburrimientos ni pérdidas de información. A cada uno hay que darle lo suyo.
- Su misión es ofrecer respuestas educativas diferentes en base a las necesidades de cada alumno.
Pero, para poder atender bien a cada uno en base a sus necesidades en un grupo-aula con una ratio determinada, se debe abarcar mucho o ser varios maestros quienes atiendan ese grupo. Y eso, de momento, no existe en las aulas ordinarias que queremos hacer inclusivas en el sistema educativo ordinario.
- Busca que los alumnos pasen de ser competitivos a ser cooperativos.
¿Por qué? La competitividad es buena y te lleva a querer ser el mejor, a aprender mucho y bien, superarte cada día como persona en la sociedad. Es perfectamente compatible cooperar y ayudar al que lo necesita y ser competitivo.
Reflexionemos: ¿Por qué una persona tiene que quedarse por debajo de su capacidad? ¿No se habla de atender las necesidades de cada alumno conforme a sus características personales? Estamos «igualando a todos» y no siendo equitativos con la capacidad más alta; en estas personas no se tienen en cuenta la «inclusión», en la que solo se consideran las NEE.
- Ofrecer entornos educativos enriquecidos y dinámicos para la estimulación del desarrollo de los alumnos.
Esto ya se está ofreciendo en la mayoría de los centros educativos y debe ser así para todo el alumnado, sea cual sea. El enriquecimiento y la dinamicidad son parte obligatoria del sistema educativo.
- Debe contar con un liderazgo efectivo y positivo que impulse y apoye este objetivo de lograr la excelencia académica de todo el alumnado.
Exacto, de todo el alumnado. De todo.

Atención a la diversidad en Educación Infantil.
En los centros escolares en general, y específicamente en las etapas educativas más tempranas, existe una gran diversidad de alumnos y personalidades. Cada niño percibe, siente, organiza y construye sus propias ideas de forma muy diferente, influenciados por sus relaciones con los demás, la forma de interacción con los aprendizajes y el significado que estos tengan para ellos.
Es precisamente en las edades más tempranas donde la diversidad no es precisamente una dificultad, ni un inconveniente, ni un obstáculo. Es ese elemento enriquecedor que influirá positivamente en todos los ámbitos.
Desde esa atención a la diversidad en las etapas más tempranas es cuando se puede actuar a tiempo y cubrir las necesidades de cada alumno en el momento presente y en la que será su futura educación en los cursos superiores.
Busquemos estrategias que sean realmente efectivas para dar respuesta a todos, no sólo a algunos. Las aulas “per se” ya son diversas porque no hay dos personas iguales.
Se debe actuar para que todos los alumnos puedan tener un desarrollo personal pleno en cada uno de los niveles educativos adecuados a sus habilidades sociales, intelectuales y emocionales.
Para llevar a cabo la atención a la diversidad, las escuelas deben optar por desarrollar planes de inclusión educativa y, por lo tanto, basarse en los principios de la inclusión (Duch, et al., 2015). Esto significa incluir a cada uno en el lugar que le corresponde teniendo en cuenta sus capacidades personales y no dejar a nadie atrás.
Bibliografía
Barrenetxea-Mínguez, L. y Martínez-Izaguirre, M. (2019). Relevancia de la formación docente para la inclusión educativa del alumnado con altas capacidades intelectuales. Atenas: revista científico-pedagógica, 1, 1-19. https://www.researchgate.net/publication/337906630_Relevancia_de_la_formacion_docente_para_la_inclusion_educativa_del_alumnado_con_altas_capacidades_intelectuales_The_importance_of_teacher_training_for_the_educational_inclusion_of_gifted_and_talented_
Duch, R. et al., (2015). Diversidad(eS). Discapacidad, Altas capacidades intelectuales y Trastornos del Espectro Autista. Editorial UOC. net.bucm.idm.oclc.org/es/ereader/universidadcomplutense/113728
Naciones Unidas. (1984). La Declaración Universal de Derechos Humanos. https://www.ohchr.org/sites/default/files/UDHR/Documents/UDHR_Translation s/spn.pdf
Naciones Unidas. (2006). Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. https://www.un.org/disabilities/documents/convention/convoptprot-s.pdf
Puente, L. y García, J. (2019). Manual para la detección, evaluación y respuesta educativa del alumnado con altas capacidades. https://www.educantabria.es/documents/39930/388842/manual_altas_capacidades.pdf/b96a4c3e-7a54-25e8-3fcf-e2643d1152c0?t=1636977017120
Simón, C y Echeita, G. (2016). Educación Inclusiva: ¿de qué estamos hablando?. Hermus monografías, 17, 25-38.

