El movimiento libre es mucho más simple de lo que parece, aunque a veces se nos olvida.
Imagínate a un bebé. Si lo dejas en el suelo, en un espacio seguro y sin obstáculos, ¿qué hace? Pues, de forma progresiva, empieza a investigar, a estirarse, a intentar girar; luego comienza a arrastrarse, a gatear, a ponerse de pie y, finalmente, a andar. Todo esto lo hace a su ritmo, sin que nadie le «enseñe”.

¿Por qué es tan importante darles libertad de movimiento?
A continuación, se exponen varias razones que son muy fáciles de entender, porque en ellas se ha aplicado el llamado “sentido común”.
Confianza en sí mismo.
Cuando un niño se sienta solo por primera vez, o logra ponerse de pie agarrándose a algo, la satisfacción que siente es tremenda. Es un «¡Lo he conseguido yo solito!» y ese acto le da una confianza en sí mismo que implica que va a seguir adelante y que va a seguir esforzándose para conseguir más y más. Es decir, siente una confianza máxima en sí mismo y en sus posibilidades.

Sin embargo, si nosotros lo sentamos o lo ponemos de pie antes de tiempo, le estamos robando esa oportunidad de sentir confianza en sí mismo.
Ahora, piensa en un bebé que intenta gatear. Se cae, se golpea un poco, se levanta y lo vuelve a intentar. Así aprende qué puede hacer su cuerpo, dónde están sus límites y cómo superarlos. Cuando se les deja libres, los niños desarrollan un esquema corporal mucho más sólido y una mejor coordinación, además de encontrar muy pronto su centro de gravedad. Esto es, conocerán muy pronto su cuerpo y sus propios límites.

Si siempre lo estamos desplazando nosotros o poniéndolo en posturas que no ha alcanzado por sí mismo, no tiene esa oportunidad de experimentar y lo que conseguimos es retrasar su desarrollo.
Cada fase del movimiento (reptar, voltear, girar, arrastrarse, gatear) fortalece músculos específicos y prepara el cuerpo para la siguiente etapa. Es como una cadena: si te saltas un eslabón, el siguiente puede que no se desarrolle tan fuerte. El gateo, por ejemplo, es crucial para el desarrollo de la espalda, las caderas y para la coordinación cruzada del cerebro. Desarrollan mejor su estructura muscular y ósea.
Si un niño pasa directamente a andar con ayuda, sin gatear, puede que a la larga tenga menos fuerza o equilibrio.
Curiosidad y exploración.
Un niño que se mueve libremente es un explorador nato. Llega adonde quiere llegar, toca lo que quiere tocar y eso alimenta su curiosidad y su deseo de aprender.

Si siempre está limitado al contexto de un carrito, una hamaca, una trona o, incluso, un andador (que, por cierto, no son nada recomendables para el desarrollo), su mundo se reduce un montón y pueden perder incluso la curiosidad exploratoria.
No es sólo una cuestión de sentarse o andar. La filosofía del movimiento libre se aplica y extiende a todas las etapas de su desarrollo. Son beneficios a largo plazo.
Si dejas que el niño intente abrocharse los botones, o que se ponga los zapatos, aunque le cueste, le estás enseñando autonomía, perseverancia y resolución de problemas, además de que se le están proporcionando herramientas para enfrentarse a los retos de la vida.

En resumen, el movimiento libre es dejar que los niños sean los protagonistas de su propio desarrollo, confiar en su sabiduría innata para saber qué necesitan en cada momento y permitirles que conquisten el mundo a su ritmo y a su manera.
Los adultos debemos estar ahí para asegurar que el entorno sea seguro y para animarlos, no para forzarles o adelantar etapas.
El concepto de «movimiento libre».
El concepto de movimiento libre no es un concepto actual, fue desarrollado por Emmi Pikler, pediatra húngara, a mediados del siglo XX. Su trabajo comenzó en Budapest tras la Segunda Guerra Mundial, en un orfanato conocido como Instituto Lóczy, donde observó a bebés sin intervención directa del adulto.
La Doctora Pikler defendía que, si los bebés crecen en un entorno seguro y estable, pueden desarrollar su motricidad de forma autónoma, sin necesidad de que los adultos los sienten, los ponga de pie o los estimulen con ejercicios forzados.
¿Qué es el movimiento libre?
Es permitir que el bebé adquiera por sí solo sus posturas y movimientos (reptar, voltear, girar, sentarse, gatear, levantarse, caminar…), sin ayuda ni intervención del adulto.
¿Qué NO es el movimiento libre?
No se trata de dejar al bebé “a su suerte”. El adulto está presente, cuida, observa y prepara cuidadosamente un entorno seguro y estimulante.
¿Cuál es el entorno más adecuado para facilitar el movimiento libre?
- Debe aportar una seguridad física y afectiva: El bebé necesita sentirse protegido para explorar. Esto implica un entorno sin peligros, con la presencia constante de un adulto.
- Deben ser espacios estables y organizados: Los espacios deben ser coherentes, predecibles y adaptados a su ritmo y desarrollo. La rutina y la estructura diaria aportan confianza y tranquilidad.
- Debe contener los materiales adecuados: Juguetes simples, seguros, variados y accesibles. Mejor si son naturales, ligeros, sin luces ni sonidos artificiales, y adaptados a cada etapa evolutiva.
- Debe facilitar la libertad de movimiento: El bebé debe tener espacio suficiente y superficies firmes (no demasiado blandas) para rodar, girar, arrastrarse y desplazarse, y hay que evitar colocarlo en posturas que aún no puede alcanzar por sí solo.
Si quieres saber más sobre el movimiento libre, puedes consultar el blog de la Escuela Infantil Delphos: https://escuelainfantildelphos.es/movimiento-libre-que-ventajas-tiene-para-el-bebe-conocer-el-mundo-a-su-ritmo/
Bibliografía: Movimiento libre y entornos óptimos. Reflexiones a partir de un estudio con bebés. Teresa Godall, España.

