Neuromitos sobre el desarrollo infantil: lo que la ciencia realmente nos dice

CAT EN BARRIO DE LA CONCEPCION

En el ámbito educativo y del desarrollo infantil circulan desde hace años muchas ideas que, aunque suenan convincentes, no tienen base científica. ¿Quién no ha escuchado que “solo usamos el 10 % del cerebro”? ¿O que hay niños más “creativos” porque usan más el hemisferio derecho y otros más “lógicos” porque predomina el izquierdo? Incluso aún se oye decir que, si un niño no habla antes de los tres años, “ya no se puede hacer nada”.

Estas creencias, tan extendidas como equivocadas, forman parte de lo que hoy llamamos «neuromitos»: interpretaciones erróneas sobre el funcionamiento del cerebro y el desarrollo infantil que han sido desmentidas por la evidencia científica.

Desmontando «neuromitos»

En ConSentidos Delphos creemos en una intervención basada en el conocimiento y en la investigación, por eso desmontamos algunos de los neuromitos más frecuentes:

“Solo usamos el 10 % del cerebro”

Falso. Las técnicas de neuroimagen muestran que el cerebro está activo en casi todas sus áreas, incluso en reposo. No existen “zonas muertas” ni partes inútiles. Cada región cumple una función, ya sea cognitiva, emocional, sensorial o motora.

“Cada persona aprende mejor según su estilo de aprendizaje (visual, auditivo, kinestésico…)”

Aunque todos tenemos preferencias, no hay evidencia de que adaptar la enseñanza a estos supuestos estilos mejore el aprendizaje. Lo que sí funciona es ofrecer experiencias variadas: visuales, verbales, motoras, manipulativas… Aprender a través de múltiples vías favorece una comprensión más rica y flexible.

“El hemisferio derecho es creativo y el izquierdo, lógico”

Es una simplificación excesiva. Aunque algunas funciones tienden a lateralizarse, el cerebro trabaja como un sistema integrado. Tanto la creatividad como el razonamiento implican redes distribuidas por ambos hemisferios.

“La gimnasia cerebral (‘Brain Gym’) mejora la conexión entre hemisferios”

No hay evidencia que respalde que la realización de ciertos movimientos corporales “activen” el cerebro. La actividad física general sí beneficia al cerebro y al bienestar, pero los ejercicios específicos de “activación cerebral” no han demostrado mejorar el rendimiento escolar ni las conexiones neuronales.

“Beber menos de 6 a 8 vasos de agua al día hace que el cerebro ‘se encoja’ y rinda peor”

La hidratación es importante, pero el cerebro no “se encoge” ni sufre un deterioro inmediato por no alcanzar una cantidad exacta. No existe una cifra universal, ya que las necesidades dependen de la actividad, la edad y el entorno.

“El azúcar provoca hiperactividad en los niños”

Los estudios son claros: no existe relación directa entre el consumo de azúcar y la hiperactividad. A menudo atribuimos la conducta a la dieta cuando el verdadero motor es la emoción del entorno (cumpleaños, juegos, actividades estimulantes…).

“La mayoría del aprendizaje ocurre antes de los 3 años” (el “mito de los tres”)

Los primeros años son fundamentales, pero la capacidad de aprendizaje no se apaga después de los 3 años. El cerebro mantiene su plasticidad durante toda la infancia e incluso en la vida adulta. Acompañar al niño con experiencias significativas es clave en cualquier etapa.

“Los trastornos del aprendizaje no pueden mejorar con intervención”

Muy al contrario: la intervención especializada y adaptada sí marca una diferencia real. Dificultades como la dislexia, la discalculia o el TDAH pueden mejorar significativamente con apoyo temprano, estrategias adecuadas y un entorno comprensivo.

“La inteligencia se basa en un número fijo de ‘inteligencias múltiples’ (lingüística, musical, etc.) que se pueden medir o entrenar separadamente”

La teoría de las inteligencias múltiples de Gardner ha sido popular y útil en el ámbito educativo, pero la neurociencia no la respalda como modelo para explicar cómo funciona realmente el cerebro. El aprendizaje no se produce de forma compartimentada, las habilidades cognitivas están interconectadas y no hay evidencia de que se puedan desarrollar de manera completamente aislada.

“Los adolescentes no pueden tomar buenas decisiones porque su cerebro aún no tiene ‘frenos’”

Si bien el lóbulo prefrontal sigue madurando, esto no significa que carezcan de autocontrol. Los adolescentes pueden tomar decisiones responsables, especialmente cuando cuentan con guía, límites claros y entornos seguros. Reducir su conducta a un “cerebro sin frenos” es simplificar en exceso un proceso complejo.

Por qué es importante desmontar «neuromitos»

Estos mitos pueden condicionar nuestra forma de acompañar a los niños, limitar sus oportunidades y generar expectativas poco realistas. Apostar por información fiable nos ayuda a tomar decisiones más ajustadas y beneficiosas.

En ConSentidos Delphos lo tenemos claro: más conocimiento, menos mitos, y siempre al lado de las familias para ofrecer un apoyo basado en evidencia científica y respeto por el desarrollo de cada niño.

Bibliografía:

Howard-Jones, P. A. (2014). Neuroscience and education: myths and messages. Nature Reviews Neuroscience, 15(12), 817–824. https://doi.org/10.1038/nrn3817