Indicativos de detección temprana del autismo IV

Atención Temprana en ciudad lineal

En esta última entrega sobre los indicativos para una detección temprana del autismo, nos centraremos en tres aspectos clave: la interacción social, la comunicación y los patrones de comportamiento repetitivos (los cuales suelen hacerse más evidentes y consistentes entre los 12 y 36 meses de edad), fundamentales para identificar posibles signos del espectro autista en los primeros años de vida.

Cuando observamos estos indicativos, la intervención temprana va a resultar fundamental para ayudar al niño en su desarrollo, a pesar de que no se tenga un diagnóstico TEA.

Señales de alerta para la detección temprana del TEA

La interacción social

Las dificultades en la interacción social pueden ser uno de los primeros indicios del autismo, y a menudo se hacen evidentes desde los primeros meses de vida. Una de las señales más tempranas es la escasa o nula respuesta al contacto visual: el bebé evita mirar a los ojos o sostiene la mirada durante muy poco tiempo, mostrando poca reciprocidad emocional.

También puede observarse una limitada expresión de emociones compartidas. Por ejemplo, la sonrisa social (esa sonrisa que aparece en respuesta a la presencia o estímulo de otra persona) puede estar ausente o ser poco frecuente. Es común que no busquen consuelo en brazos de sus cuidadores, ni muestren anticipación o alegría cuando van a ser alzados.

A medida que crecen, estas señales se hacen más evidentes. Pueden mostrar poco interés en otros niños o acercamientos poco habituales. Aunque en algunos casos la falta de interacción puede parecer una simple preferencia individual, la ausencia de curiosidad hacia los demás y la falta de exploración visual o táctil del otro resultan más llamativas.

Asimismo, es común que haya poca o ninguna imitación de gestos o acciones, lo cual afecta la capacidad de aprender a través del juego. También presentan dificultades para participar en juegos interactivos simples. Un ejemplo claro de esto es la falta de atención conjunta: no señalan para compartir intereses ni siguen con la mirada lo que el adulto les está mostrando.

Comunicación (no verbal y verbal)

El desarrollo de la comunicación comienza mucho antes del lenguaje hablado. Desde los primeros meses de vida, los bebés se expresan a través de la mirada, los gorjeos, el movimiento de brazos y piernas, y una variedad de sonidos que, poco a poco, dan paso al lenguaje verbal. Aparecen sonidos vocálicos y consonánticos, luego balbuceos con sílabas repetidas (como /ma- má/ /pa- pá/) y, más adelante, las primeras palabras.

Cuando estos hitos no se alcanzan a tiempo, es importante prestar atención. La ausencia o retraso en la aparición de gorjeos, balbuceos y del lenguaje hablado puede ser una señal de alerta, especialmente si también hay una escasa expresión facial o una falta de gestos básicos para comunicarse, como señalar, mostrar objetos o saludar.

Otro signo característico es el uso repetitivo o inusual del lenguaje, conocido como ecolalia, donde el niño repite palabras o frases sin un propósito comunicativo claro. También puede notarse un tono de voz peculiar o un ritmo poco habitual al hablar.

Además, muestran dificultad para comprender el lenguaje no verbal. Pueden no responder a órdenes sencillas o no interpretar gestos comunes, como un dedo señalando una dirección.

Junto a estas señales, también pueden aparecer patrones de comportamiento rígidos y repetitivos. Es común que insistan en rutinas muy específicas y muestren una fuerte resistencia a los cambios. Sus intereses suelen ser muy limitados y absorbentes. Algunas conductas frecuentes incluyen encender y apagar luces repetidamente, girar las ruedas de un coche con un dedo, alinear objetos o quedarse largos periodos de tiempo centrados en una sola actividad, mostrando un alto nivel de concentración y dificultad para cambiar de tarea.

Otros indicativos del TEA: juego, sensibilidad sensorial y conductas repetitivas

Además de las dificultades en la comunicación y la interacción social, existen otros indicios que pueden señalar la presencia de un Trastorno del Espectro Autista (TEA). Uno de ellos es la ausencia o escaso desarrollo del juego simbólico o imaginativo, tan común en los niños neurotípicos. En lugar de simular situaciones o representar roles, los niños con TEA suelen mostrar un apego inusual hacia ciertos objetos y una fuerte fascinación por elementos específicos, como coches, cuerdas, hilos o animales.

También es frecuente que manifiesten una sensibilidad “especial” a los estímulos sensoriales. Pueden reaccionar de forma exagerada (hipersensibilidad) o con escasa respuesta (hiposensibilidad) a sonidos, texturas, luces, olores o sabores. Estas reacciones pueden expresarse a través del malestar, la evitación o, en algunos casos, una búsqueda activa del estímulo.

Además, recurren a comportamientos autoestimulantes y movimientos repetitivos —como aleteo de manos, balanceo o giros sobre sí mismos— como forma de autorregulación frente a un entorno que, muchas veces, puede resultarles abrumador o impredecible.

Importancia de la atención temprana

Observar el desarrollo del niño desde los primeros meses de vida y estar atentos a estas señales es fundamental. Una detección temprana permite iniciar intervenciones y apoyos especializados cuanto antes, lo que puede marcar una gran diferencia en el pronóstico y mejorar significativamente la calidad de vida de la persona con TEA.

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