
El desarrollo motor en los niños que posteriormente muestran indicios de autismo suele ser, en muchos casos, completamente normal. Incluso aquellos que desarrollan el trastorno pueden presentar habilidades motrices gruesas y finas notablemente buenas.
El desarrollo cognitivo del niño está profundamente interconectado con un buen desarrollo motor, no son procesos separados. El movimiento y la acción son fundamentales para la adquisición del conocimiento y el desarrollo de las capacidades mentales.
Esta relación entre los ámbitos motor y cognitivo es especialmente evidente en las primeras etapas de la vida, en las que el niño «piensa haciendo».
¿Por qué el desarrollo motor influye en el desarrollo cognitivo?
La razón principal radica en que el movimiento permite al niño interactuar y explorar el mundo que le rodea. A través de estas interacciones, el cerebro recibe información sensorial, la procesa y genera nuevas conexiones neuronales.
La interconexión entre movimiento y cognición se encuentra, sobre todo, en los siguientes aspectos:
Exploración y descubrimiento:
Desde el momento en que un bebé empieza a moverse (voltear, reptar, gatear, caminar, alcanzar objetos), está explorando activamente su entorno. Esta exploración es una fuente constante de nueva información que el cerebro debe interpretar, clasificar y almacenar, lo que estimula el pensamiento, la curiosidad y la resolución de problemas.
Desarrollo cerebral:
La actividad física estimula la formación de nuevas conexiones neuronales y la irrigación cerebral. Esto se traduce en un mejor funcionamiento de áreas del cerebro asociadas con el aprendizaje, como la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la atención. El movimiento físico, especialmente si es «cognitivamente activo» (es decir, que requiere cierta planificación o resolución de problemas), puede activar las mismas redes neuronales que se usan para las funciones ejecutivas.
Coordinación visomotora y espacial:
Las habilidades motoras finas y gruesas, como la coordinación mano-ojo o la capacidad de entender las relaciones espaciales entre objetos, son esenciales para ciertas tareas cognitivas. Por ejemplo, atrapar una pelota requiere coordinar la visión con el movimiento, y esta habilidad se transfiere a la capacidad de leer o escribir. Así mismo, la percepción espacial que se desarrolla con el movimiento es crucial para la comprensión de conceptos matemáticos y la orientación en el entorno.

Lenguaje y comunicación:
El desarrollo motor también enriquece el lenguaje y la comprensión. Al interactuar con objetos y personas a través del movimiento, el niño aprende a asociar palabras con acciones y objetos, ampliando su vocabulario y comprensión del mundo.
Autoconfianza e independencia:
Un buen desarrollo motor fomenta la confianza en sí mismo y la autonomía. Cuando un niño es capaz de moverse y manipular su entorno de manera efectiva, se siente más seguro para enfrentar nuevos desafíos y aprender.
La relación entre el desarrollo motor y el cognitivo es un aspecto central en muchas teorías del desarrollo infantil.
Jean Piaget, en su teoría del desarrollo cognitivo, destaca la etapa sensoriomotora (de 0 a 2 años) como un período crucial, ya que en esta fase los bebés construyen su comprensión del entorno a través de los sentidos y las acciones motoras, mediante la interacción directa con el mundo.
Por su parte, Lev Vygotsky también subraya la conexión entre el desarrollo motor y cognitivo, afirmando que el movimiento y la acción son fundamentales para la adquisición del conocimiento.
¿Qué consecuencias puede tener un desarrollo motor deficiente?
Cuando un niño presenta dificultades en su desarrollo motor, puede experimentar un impacto negativo en su desarrollo cognitivo. Por ejemplo, si hay problemas en la coordinación, la percepción espacial o el control motor, esto puede dificultar más adelante el aprendizaje de la lectoescritura, la resolución de problemas o la socialización, lo que a su vez podría llevar a problemas de rendimiento académico y emocional.

Es crucial fomentar y promover el movimiento libre, el juego activo y las actividades que involucren tanto el cuerpo como la mente desde las primeras etapas de la vida.
Algunos indicativos que pueden resultar más llamativos para los padres.
- Hipersensibilidad o hiposensibilidad a estímulos sensoriales: reacciones extrañas ante estímulos muy fuertes o muy sutiles, como sonidos, luces, texturas, olores, etc. Un ejemplo sería cuando un niño se sobresalta excesivamente con ruidos normales o, sin embargo, no reaccionan a ellos.
- Posturas o movimientos inusuales: Aunque la motricidad gruesa y fina se está desarrollando, una rigidez o flacidez inusual, o movimientos repetitivos tempranos, deberían ser observados.
Es importante destacar que nuestro enfoque se centra en la identificación de posibles indicios de alerta, pero queremos recordar que la presencia de uno o varios de estos no implica, por sí sola, un diagnóstico de autismo. No obstante, estos signos sí justifican plenamente la consulta con el pediatra para llevar a cabo un seguimiento más detallado y, en caso necesario, solicitar una evaluación especializada por parte de un equipo de Atención Temprana. En muchos casos, estos indicios son suficientes para iniciar una intervención temprana, lo que resulta clave para actuar a tiempo.
Las características propias del Trastorno del Espectro Autista (TEA), en particular las relacionadas con la interacción social, la comunicación y los patrones de comportamiento repetitivos, suelen hacerse más evidentes y consistentes entre los 12 y 36 meses de edad. Sin embargo, la ausencia de un diagnóstico formal no debe ser motivo para retrasar o evitar la intervención, ya que actuar de manera temprana es fundamental para favorecer el desarrollo del niño.
Si tienes cualquier duda, o necesitas la opinión de un especialista para asesorarte, en ConSentidos Delphos contamos con un equipo multidisciplinar al que puedes acudir.
Te dejamos el enlace a la anterior publicación sobre este tema: https://consentidosdelphos.es/indicativos-de-deteccion-temprana-del-autismo-ii/

