Como consecuencia del aumento en la evidencia científica, actualmente somos conscientes de que el autismo es un espectro amplísimo, lo que significa que se manifiesta de manera diferente en cada persona.
Los desafíos más significativos de las personas con autismo son las dificultades en la comunicación y la falta de habilidades sociales, debido en gran parte al déficit comunicativo.
Sus características sensoriales son también diferentes porque su nivel de sensibilidad y la forma de percibir el entorno es muy diferente a lo que conocemos e identificamos como “normal”.
Los intereses que manifiestan son bastante restringidos, pero a su vez pueden tener una elevada gama de habilidades diferentes que pueden llegar a ser, incluso, excepcionales.

Se debe reconocer la individualidad de cada persona con autismo y dejar a un lado los estereotipos que existen sobre estas personas. Para ello es clave la inclusión en el entorno y la formación de los maestros desde la universidad, prolongándola con una formación continua para aprender cómo transmitir conocimientos y cómo actuar ante ciertas reacciones y comportamientos.
La aceptación temprana es vital para el bienestar emocional y el desarrollo de las personas con autismo porque tener un entorno de apoyo y comprensivo, no sólo en la familia sino también en los centros educativos y en la propia comunidad, permite a las personas autistas desarrollar su potencial y participar plenamente en lo que implica la vida y todas las actividades que la rodean.

Aceptar implica reconocer y valorar las diferencias, en lugar de intentar «normalizar» a las personas con autismo.
Detección del autismo
Para detectar hay que saber observar.
La detección temprana por parte de los padres y de los médicos en las primeras revisiones es crucial y siempre teniendo en cuenta todos los antecedentes del niño (biológicos y fisiológicos, así como el entorno de crianza).
Los beneficios del diagnóstico temprano son evidentes. Permite que los niños accedan a los recursos y redes de apoyo adecuadas, además de a intervenciones y terapias especializadas que mejoren sus habilidades de comunicación, sociales y de adaptación, y por tanto mejorar su bienestar en general.
Diagnosticar tempranamente permite identificar y desarrollar las fortalezas y talentos de la persona autista, sobre las que nos tendremos que apoyar para su crecimiento personal y poder fomentar su autoestima y confianza, lo que contribuirá a un mejor desarrollo positivo de esa persona.
La intervención temprana puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida de las personas autistas y de sus familias, las cuales necesitan de muchísima comprensión y apoyo ya que desde el principio se van a ver implicadas en la vivencia de situaciones complejas y desafíos continuos.

¿Y, cómo se puede promover la concienciación y la aceptación?
Desde el inicio de la escolarización, promoviendo la coeducación en los centros educativos, con un trabajo conjunto familia y escuela, de forma que se vaya promoviendo la comprensión desde que son muy pequeñitos y la aceptación de las diferencias, haciéndoles ver que dichas diferencias nos enriquecen a todos. La inclusión en las aulas debe ser, por tanto, trasladada a todos los ámbitos de la sociedad.

Educar en el respeto y en la empatía. Hay que enseñar y aprender a ponerse en el lugar de ese otro niño, de la familia y escuchar las experiencias y crear entornos accesibles y adaptados a las necesidades de las personas autistas.
Para concienciar hay que dar a conocer y para dar a conocer se necesita mucha formación, por lo que en ningún caso los profesionales podemos conformarnos en quedarnos con lo básico. Hay que seguir profundizando en el conocimiento sobre este tema y estar informado de los avances científicos para poder actuar siempre con mucho criterio.
Si tienes cualquier duda, en ConSentidos Delphos contamos con un equipo multidisciplinar de profesionales que pueden asesorarte.

