Trastornos de la comunicación

CAT en Ciudad Lineal

La comunicación es mucho más que palabras. Es la manera en que los niños miran, señalan, escuchan, gesticulan, se expresan y buscan conectar con quienes les rodean. Durante los primeros años de vida estas habilidades se desarrollan a una velocidad asombrosa y constituyen la base de su bienestar emocional, social y académico.

Sin embargo, algunas niñas y niños encuentran más dificultades para que este desarrollo avance al ritmo esperado. Estas diferencias no siempre significan un trastorno, porque cada niño tiene su propio camino. Pero, en ocasiones, sí pueden indicar la presencia de un trastorno de la comunicación, es decir, un conjunto de dificultades que afectan a la adquisición o uso del lenguaje, el habla o las habilidades sociales comunicativas. Estas condiciones suelen aparecer a edades tempranas y forman parte del neurodesarrollo infantil.

Comunicación, lenguaje y habla…. ¿En qué se diferencian?

A veces se llega a pensar que hablar y comunicar son lo mismo, pero en realidad cada concepto abarca aspectos distintos:

  • Comunicación: cualquier forma de transmitir algo a otra persona, con palabras o sin ellas: miradas, gestos, sonrisas, sonidos…
  • Lenguaje: el sistema de símbolos que usamos para comunicarnos. Incluye vocabulario, gramática y el significado de las palabras.
  • Habla: la parte motora de la comunicación. Es la forma en que producimos sonidos: articulación, ritmo, fluidez y voz.

Entender esta diferencia ayuda a las familias a identificar qué aspecto está afectado cuando notamos algo que nos llama la atención o no va bien.

¿Qué tipos de trastornos de la comunicación existen?

Los trastornos de la comunicación que se manifiestan en los primeros años de vida se suelen clasificar en cuatro grandes categorías, que son:

Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL)

El trastorno del lenguaje afecta a la capacidad del niño para comprender y/o expresarse. No se debe a un problema auditivo, neurológico ni cognitivo; simplemente, el lenguaje tarda más en asentarse y sigue un camino diferente.

Los niños con este trastorno suelen mostrar:

  • Dificultad para entender lo que se les dice, especialmente instrucciones complejas o frases largas.
  • Vocabulario reducido o uso frecuente de palabras muy generales (“eso”, “aquí”, “cosa”) en lugar de términos más específicos.
  • Construcciones gramaticales pobres o inestables, como omitir artículos, verbos o pronombres.
  • Frases cortas o poco organizadas.

Es muy importante saber que puede manifestarse de manera muy distinta en cada niño o niña: algunos entienden bien, pero les cuesta expresarse, mientras que otros tienen dificultades en ambos aspectos.

El impacto puede extenderse a las habilidades sociales, al aprendizaje y a la autoestima; por eso es tan importante identificarlo pronto y recibir apoyo especializado que permita al niño adquirir lenguaje funcional y sentirse capaz de comunicarse.

Trastorno de los Sonidos del Habla (TSH)

En este caso, la dificultad se sitúa en el área fonológica: al niño le cuesta producir correctamente ciertos sonidos, y eso hace que su habla resulte menos clara o difícil de comprender.

No es solo “pronunciar mal”, es un patrón de errores que va más allá de lo esperado para la edad y que interfiere en la claridad del mensaje.

Los niños pueden realizar:

  • Sustituciones (“tato” por “gato”)
  • Omisiones (“apo” por “sapo”)
  • Distorsiones
  • Presentar patrones de error que ya no son propios de su edad.

Aunque entienden perfectamente lo que quieren decir, su habla no resulta clara para los demás, lo que puede generar frustración o evitar que participen en conversaciones.

Con intervención temprana, la mayoría de los niños mejoran notablemente su pronunciación y la claridad de su habla.

Trastorno de la Fluidez Verbal de Inicio en la Infancia

Este trastorno es al que se le conoce normalmente como “tartamudez” y se caracteriza por dificultades en el ritmo y la fluidez del habla, que aparecen como:

  • Repeticiones (“ma-ma-mamá”).
  • Prolongaciones de sonidos (“ssssí”).
  • Bloqueos (la palabra intenta salir, pero no avanza).
  • Tensiones al hablar o esfuerzo visible.

A veces, incluso puede haber un acompañamiento de gestos (como parpadeos o movimientos corporales) para “ayudar” a que la palabra salga.

Es importante diferenciar entre las disfluencias normales del desarrollo, que aparecen en muchos niños entre los 2 y 4 años, y el trastorno de la fluidez. En este caso, la diferencia está en que:

  • Las interrupciones son más frecuentes o marcadas.
  • Generan malestar o frustración.
  • Afectan a la participación en actividades o conversaciones.
  • Tienden a persistir en el tiempo.

Este trastorno no aparece por nervios, falta de confianza o “manías”. Tiene una base neurobiológica y evolutiva. Es importante intervenir lo antes posible, ya que, con el acompañamiento adecuado, los niños pueden mejorar su fluidez y desarrollar una relación tranquila y positiva con el habla.

Trastorno de la comunicación

Aquí la dificultad se centra en el área pragmática: afecta a la forma en que el niño usa el lenguaje para relacionarse, más que la capacidad de pronunciar sonidos o formar frases.

Algunas señales que pueden presentar son:

  • Dificultad para iniciar o mantener conversaciones.
  • Problemas para “leer” las claves sociales: expresiones faciales, tono de voz o intención del otro.
  • Interpretar lo que se dice de forma muy literal.
  • No adaptar el lenguaje al contexto (hablar demasiado formal o demasiado informal).
  • Dificultad para seguir el turno conversacional.
  • Cambiar de tema bruscamente sin avisar.
  • No comprender bromas, metáforas o dobles sentidos.

Estos niños y niñas pueden tener un vocabulario excelente y frases bien construidas, pero les cuesta usar el lenguaje para conectar con otras personas. Y el impacto suele verse en el día a día: malentendidos con compañeros, dificultades para hacer amigos, frustración en situaciones sociales o conversaciones que no fluyen.

La intervención se centra en enseñar habilidades sociales comunicativas de manera explícita, a través del juego, las rutinas, cuentos, apoyos visuales y práctica guiada.

Otras dificultades comunicativas asociadas

A veces, las dificultades de comunicación pueden aparecer junto a otras patologías clínicas como:

  • Trastorno del Espectro Autista.
  • Trastornos del desarrollo intelectual.
  • Trastornos motores del habla.
  • Alteraciones auditivas.
  • Prematuridad o afectaciones neurológicas.

En estos casos, la comunicación puede verse afectada en varias áreas a la vez. La clave está en comprender las necesidades específicas del niño y adaptar la intervención a su perfil, combinando estrategias lingüísticas, sensoriales, motoras y sociales según sea necesario.

¿Por qué es importante comprender estas diferencias?

Cuando una familia entiende qué le ocurre a su hijo o hija y por qué se comporta de cierta manera, puede acompañarlo con más tranquilidad, menos culpa y más herramientas.

Cuando una familia comprende qué le ocurre a su hijo o hija y de qué forma se manifiestan sus dificultades comunicativas, puede acompañarlo con más tranquilidad y menos culpa. Identificar estos perfiles no significa definir al niño ni etiquetarlo, sino reconocer que necesita un tipo de apoyo diferente: más explícito, más visual, más estructurado y respetuoso con su ritmo.

En estas primeras etapas del desarrollo, la intervención adecuada marca una diferencia enorme. La plasticidad cerebral es mayor, la motivación por comunicarse está en pleno crecimiento y la familia es parte activa del proceso. Por eso, la atención temprana se convierte en un recurso clave, no solo para trabajar habilidades lingüísticas, sino para reducir la frustración, favorecer la participación social y fortalecer el bienestar emocional.

En nuestra experiencia, cuando un niño recibe apoyo especializado desde edades tempranas:

  • Su comunicación se vuelve más funcional y eficaz
  • Aumenta su participación en situaciones cotidianas y de juego
  • Se siente más comprendido y competente
  • Mejora su interacción con iguales y adultos
  • Se fortalece su desarrollo emocional y su autoestima

En ConSentidos Delphos, acompañamos este proceso de manera individualizada, respetuosa y basada en evidencias, implicando siempre a la familia como agente fundamental. Porque cada palabra, gesto o mirada cuenta, y, cuanto antes se intervenga, mayores son las oportunidades de crecimiento y bienestar.

Bibliografía: Celdrán Clares, M.I. & Zamorano Buitrago, F. Trastornos de la Comunicación y el Lenguaje. Logopedas en los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica de Murcia.