Trastornos de la Coordinación

CAT EN BARRIO DE LA CONCEPCION

Abordar los Trastornos del Desarrollo de la Coordinación (TDC) en la primera infancia (0 a 6 años) es crucial. Una intervención a tiempo puede marcar una diferencia decisiva en la evolución del niño.

En ConSentidos Delphos nos centramos en la detección temprana, la necesidad real de intervenir y en cómo acompañar a las familias cuando se enfrentan al conocido “hay que esperar”, frase que suele traducirse en una larga espera vigilada y que, en demasiados casos, conduce a diagnósticos tardíos.

El trastorno de coordinación más frecuente en estas edades es el Trastorno del Desarrollo de la Coordinación (TDC), también llamado Dispraxia. Antiguamente se utilizaba el término “Síndrome del Niño Torpe”, que, aunque ya en desuso, reflejaba al niño que tropieza con facilidad, se le caen objetos, tiene dificultades para manipular cremalleras o botones, tarda en vestirse, o incluso se seca las manos apoyándose en la toalla o frotándose contra cualquier superficie. Son pequeñas acciones que, acumuladas, pueden complicar notablemente su día a día.

La detección se basa principalmente en observar si el niño alcanza los hitos motores esperados para su edad y si su nivel de autonomía en las actividades de la vida diaria (AVD) es significativamente inferior al de otros niños de su misma etapa. La primera señal suele aparecer en casa y, si el niño está escolarizado, también en la comparación natural con sus compañeros. Cuando, a pesar de manifestar esta preocupación al pediatra, éste nos dice “hay que esperar”, pero nuestra inquietud persiste, es recomendable solicitar una evaluación profesional en la que intervengan terapeutas ocupacionales y psicomotricistas especializados.

Para que las familias comprendan el desarrollo esperado, resumimos los hitos más relevantes y los signos de alarma asociados al posible TDC:

0 a 2 años

Hitos esperados: rodar, gatear, sentarse sin apoyo, caminar, subir escaleras con ayuda.

Signos de alarma: retraso en hitos motores (sentarse, gatear o caminar más allá de los 18 meses) y torpeza al manipular objetos (dejar caer los juguetes o que se le caigan con frecuencia).

2 a 4 años

Hitos esperados: correr, saltar con ambos pies, subir y bajar escaleras solo, lanzar y atrapar una pelota grande, usar cubiertos.

Signos de alarma: dificultad en el equilibrio (caídas frecuentes, tropieza con objetos), problemas en el juego motor (no puede realizar puzles simples, apilar bloques, dibujar líneas o círculos), retraso en habilidades de autocuidado (abrocharse, subir cremalleras).

4 a 6 años

Hitos esperados: saltar a la pata coja, montar en triciclo o bicicleta con ruedines, vestirse por completo, usar tijeras, copiar formas geométricas.

Signos de alarma: dificultades en motricidad fina (agarre inmaduro del lápiz, manejo de tijeras/cubiertos), problemas de motricidad gruesa (movimientos descoordinados al correr -parece rígido o blando-, no salta a la pata coja, rechazo del juego motor, frustración ante tareas físicas o deportivas).

Cuándo iniciar una intervención

Aunque el diagnóstico formal de TDC suele establecerse a partir de los 5 años, la intervención debe iniciarse mucho antes cuando existen señales claras. La espera solo agrava las dificultades presentes y futuras, afectando áreas clave del aprendizaje. La intervención temprana debe comenzar en el momento en que se detecta un retraso significativo en los hitos motores o en las AVD, especialmente cuando:

La torpeza o el retraso interfieren en actividades básicas (comer, vestirse, jugar, subir escaleras, ir al baño).

Surgen frustración, baja autoestima o evitación del juego motor.

Existe una desviación evidente respecto a los hitos esperados (por ejemplo, no caminar a los 18 meses o no correr con fluidez a los 3 años).

La intervención temprana, a cargo de profesionales en Terapia Ocupacional (TO), Fisioterapia y Psicomotricidad, busca mejorar la planificación motora, la coordinación bilateral y la integración sensorial.

¿Qué hacer cuando nos dicen “hay que esperar” y la espera nos hace llegar tarde?

Frases como “cada niño tiene su ritmo” o “ya lo hará” son muy habituales, pero conducen a esa «espera vigilada» que se convierte en uno de los mayores obstáculos para intervenir a tiempo. Como consecuencia, muchos niños llegan a primaria con dificultades de coordinación que afectan su aprendizaje y socialización.

Algunos argumentos clave que justifican una intervención inmediata cuando existen sospechas son:

Aprovechar los períodos sensibles del desarrollo, tal como señalaba María Montessori. Los primeros 6 años son una ventana crítica para la plasticidad cerebral. Intervenir tarde supone consolidar patrones motores poco eficientes difíciles de corregir.

Evitar la comorbilidad psicosocial. La torpeza motora se asocia a aislamiento social, baja autoestima y ansiedad. No intervenir afecta la salud emocional.

Prevenir el impacto en el aprendizaje académico. La motricidad fina y la coordinación ojo‐mano son fundamentales para la lectoescritura y otras tareas escolares.

Si aun así se opta por una espera vigilada, recomendamos registrar evidencias: fechas de hitos alcanzados (sentarse, gatear, caminar), frecuencia de caídas, dificultades en actividades cotidianas (beber, comer, vestirse, subir bordillos, rechazar pintura o construcciones, etc.). Llevar este registro ayuda a objetivar la preocupación..

El beneficio de la atención temprana

Si la recomendación de “esperar” no te convence, solicita derivación a Neurología Pediátrica o acude a un centro de atención temprana como el nuestro, ConSentidos Delphos, donde podemos realizar una evaluación motora sin demoras, adaptada a cada caso. Esta evaluación puede ser realizada por el terapeuta ocupacional o por el fisioterapeuta, dependiendo de la información recabada en la entrevista inicial.

En ese período de “espera vigilante”, y mientras se gestiona la evaluación, las familias pueden iniciar en casa actividades de estimulación informal que favorezcan el equilibrio, la coordinación y la motricidad fina: gateo de oso, juegos en túneles, plastilina, construcciones, pintar en vertical, subir y bajar escaleras de lado, juegos de meter y sacar objetos, entre otros.

El papel fundamental de los padres en la detección de problemas

Es importante expresar con firmeza la preocupación y no ceder ante el “hay que esperar”. Nadie conoce mejor a un niño que sus propios padres, y son ellos quienes observan cómo esas dificultades afectan su día a día, su frustración, su interacción social y su ritmo de aprendizaje.

En definitiva, cuando un problema motor o de coordinación interfiere en la participación, la autonomía o el bienestar emocional de un niño, no se debe esperar. La intervención temprana es la mejor forma de prevenir el efecto dominó que los TDC pueden generar en el desarrollo global.

En ConSentidos Delphos estamos para acompañaros y ofrecer la intervención que vuestro hijo necesita desde el primer momento. Tienes más información sobre este tema en el siguiente artículo de este mismo blog: https://consentidosdelphos.es/identificacion-real-de-los-trastornos-del-desarrollo/